Kenia, de Pirineu en Boca, nos cuenta de sus experiencias en las tierras Pirenaicas y como estas se traducen en el producto de su tienda.

 

Los valles pirenaicos son tierras fértiles en artesanos y conocedores de la naturaleza y sus dones. En sus pueblecitos, lejos de las bulliciosas ciudades y del turismo masivo, la producción agrícola se contempla como una ocupación vitalicia más bien lógica, aunque quizá de poco reconocimiento social.
 
No hay que olvidar que desde la revolución industrial, el campo fue visto principalmente como un gran exportador de mano de obra: cuántas menos personas se necesitasen para trabajar la tierra y alimentar a la población, más podían trabajar en la industria y permitir el “avance” de la sociedad.
 

En los últimos años esta concepción ha sufrido un pequeño revés, reivindicando el enorme potencial perdido de esa raza casi en peligro de extinción que son los artesanos. Éste término, más allá del romanticismo o del marketing, se refiere a un conjunto de individuos que crean usando tanto la intuición como la técnica, y cuyos principios consideran tanto la ética como la economía.

Se trata de ciclos de producción muy cerrados, en los que el productor conoce el origen de todas sus materias primas, sabe donde van a parar sus productos, y se preocupa del impacto de su producción en la comunidad y la naturaleza que le rodean, que también son su hogar.

 
Ésta conexión tan personal, tan vivida, es la que crea un producto con una historia y un valormuy diferente a uno creado en una cadena de montaje en la que nadie siente ningún tipo de cariño hacia la creación más allá de sus responsabilidades laborables.

Cuando uno viaja al Pirineo y conoce a sus gentes, empieza a escuchar –y saborear- historias alucinantes de proyectos y artesanos llenos de coraje y amor que, sin embargo, son completamente desconocidos más allá de los riscos montañosos.
 
“Qué gran injusticia -pensamos- poder comerse semejante cordero o queso sólo en esas contadas ocasiones en las que disfrutamos de unas vacaciones en las montañas”.
 
Y así nació Pirineu en Boca, una carnicería-restaurante que busca ser tanto una plataforma para los pequeños grandes artesanos de la tierra que vio nacer a mi abuelo, como la solución a una necesidad que nosotros mismos, como una familia urbana más, hacía tiempo que nos llevaba de cabeza: la de una carnicería de confianza dónde la carne no fuese sólo sabrosa, sino también sana y sostenible.
 

¡Bienvenidos a Pirineu en Boca! bienvenidos a las historias de decenas de grandes pequeños productores de una cordillera muy concreta.